¿Es realmente necesaria la intervención psicológica en los primeros instantes de afrontamiento de una situación traumática?

Siempre pensé que nuestra sociedad “SEPADEM” nacía como foro de divulgación, de contraposición de opiniones (siempre con ánimo constructivo) y como caja de resonancia de los avances en Psicología de Emergencias, en el que los psicólogos emergencistas se sintieran cómodos para debatir sobre temas relacionados con su formación, experiencia y devenir profesional.

En este sentido seria un foro en el cual se pudieran plantear, desarrollar, elaborar  y resolver las dudas que en el quehacer diario nos surgen y que por la forma de llevar a cabo nuestras intervenciones, normalmente solos sin compañeros con los que consultar dudas, con el tiempo de la intervención limitado y necesitado de generar alternativas rápidamente para paliar el estrés acumulado en las personas a las que prestamos ayuda, no nos permite compartir inquietudes con otros compañeros, que trabajan en nuestras mismas circunstancias.

Después de leer la magnífica participación del mes anterior de Ferran, socio fundador, buen profesional y buen amigo y mejor persona, me hizo recapacitar y centrarme en la siguiente reflexión sobre el tema que nos proponía: no hubo asistencia psicológica, aunque está seguro de que fue asumida fundamentalmente por sacerdotes y médicos. Y sin embargo la mayoría pudo seguir realizando una vida normal. ¿Es necesaria realmente una intervención psicológica en emergencias?”.

Esta es la duda que me surge, habida cuenta del auge que últimamente ha experimentado la demanda de psicólogos que atienden a las personas que se han enfrentado a una situación crítica, ya sea sufrida por la propia persona o un familiar próximo.

Es frecuente observar como en los informativos de cualquier tipo ya sea TV, radio o prensa escrita y más recientemente prensa on-line, cuando se refieren a accidentes traumáticos, aparece la coletilla: “los familiares necesitaron asistencia psicológica”.

Ante este tipo de noticias a mí personalmente, me surge un mar de dudas: “¿Qué tipo de intervención? ¿Llevada a cabo por qué tipo de profesionales? ¿En qué circunstancias? ¿Con que medios? ¿Era realmente necesaria la intervención de un psicólogo?”.

Son demasiados interrogantes, pero yo os propongo centrarnos en uno solo, esencial para abordar los demás ¿Es realmente necesaria la intervención en los primeros instantes de afrontamiento de una situación traumática?

A la vista de cómo se desarrollan últimamente los acontecimientos, la respuesta no puede ser otra que “Si”. Pero entonces ¿Cómo se superaban antes estos episodios traumáticos?, las consultas deberían estar a rebosar, ya que la asistencia temprana era prácticamente anecdótica, como bien refleja la intervención del Valles.

Vivimos en una sociedad esclava del tiempo, de la escasez de tiempo mejor dicho, que no permite espacios para la reflexión interna; a los 2-4 días de la desaparición de un ser querido, tenemos que volver al trabajo, pero es que nuestra red de apoyo normalmente vuelve inmediatamente, con lo cual nos enfrentamos casi en soledad a la nueva realidad.

Vivimos en una sociedad que da la espalda al sufrimiento, que intenta por todos los medios evitarlo o enmascararlo; para elaborar el duelo es necesario enfrentarse a la causa del mismo, si lo bloquemos, ya sea farmacológicamente o conductualmente, lo único que se consigue es que este se enquiste y permanezca latente o se muestre de una forma enmascarada, difícilmente relacionada con el origen que lo provoco.  Cada vez es más frecuente escuchar en consulta la queja del paciente. “no pude ni despedirme de él, estaba tan drogada, que no me di cuenta de nada?” o “No me dejaron un momento para mí y para poder despedirme de mi … Cuando me acercaba a él, en seguida me cogían y me llevaban a otra parte y cuando me di cuenta ya no estaba”.

En mi opinión la intervención debería ser siempre a demanda, y solamente se intervendrá directamente, cuando la seguridad de las personas corra algún peligro que el grupo de referencia no sea capaz de gestionar, porqué la red de apoyo social es esencial para poder superar los efectos traumáticos de una situación crítica y tenemos que favorecer espacios para su consolidación.

Una intervención generalizada, en mi opinión, puede ser contraproducente por los siguientes motivos:

  1. Si en mitad de la resolución de una crisis intervenimos podemos interferir en el establecimiento de las nuevas redes relacionales del grupo y nosotros como profesionales no vamos a estar siempre presentes, mientras que la red de apoyo social o grupo de referencia sí. Además es frecuente ver como personal no entrenado en este tipo de situaciones, con la mejor de las intenciones, pero con un desconocimiento de la forma de afrontar la situación, interfiere cuando no impide el establecimiento de la red de apoyos, lo que yo denomino el “psicólogo empotrado”, mimetizado e incrustado en la familia, de tal forma que si no fuera por su identificación externa como profesional, no sería posible identificar quien es familiar y quien es profesional interviniendo.
  2. El bloqueo emocional generalizado, ya sea por medios farmacológicos o psicológicos, no deja de ser eso … un bloqueo, una contención; nunca una solución, que normalmente lleva un tiempo más o menos prolongado de maduración y un gran trabajo personal; indudablemente hay casos en que es un mal menor que hay que adoptar para preservar la integridad de las personas.
  3. Al emplear desde el principio todos los medios posibles, podemos quemar nuestras naves antes de la verdadera batalla. “Si esto es lo que hace un psicólogo para que voy a ir a su consulta”. Es habitual confundir y generalizar la intervención en emergencias, que a mi modo de entender fija su objetivo principal en estabilizar y favorecer el restablecimiento de la normalidad (cuidados paliativos), pero que por su premura y escaso tiempo de intervención no puede abordar la curación per se, sino favorecer el restablecimiento. El abordaje de un trastorno, al necesitar más continuidad, se realiza en consulta (cuidados curativos).

Entonces qué hacer en la atención de personas ante situaciones con un fuerte componente traumático. En mi opinión (y es lo que presento a vuestra reflexión y participación) la intervención se debe ajustar a los siguientes parámetros:

  1. Ser ofertada no impuesta.
  2. Por personal formado y preparado en emergencias.
  3. Empleando los profesionales de forma jerarquizada. Para lo cual habría que crear y formar a personal en acompañamiento en situaciones traumáticas, como existen en otras áreas de la asistencia (auxiliares de enfermería, Técnicos en emergencias, etc.), coordinados y dirigidos por un psicólogo que intervendría cuando la situación realmente lo demandara.
  4. Favoreciendo el establecimiento de la red de apoyo social y sus interrelaciones.

En definitiva esto no era nada más que una reflexión en voz alta (mejor dicho impresa) que espera de vuestras aportaciones para abrir líneas de investigación y debate.

Decía Aristóteles “el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.  Si no nos tomamos un tiempo para la reflexión, nos podemos encontrar matando nuestra gallina de los huevos de oro, puesto que en gran medida la intervención en emergencias a posibilitado la difusión y el acercamiento de la Psicología a la sociedad, fundamentalmente después de la intervención en momentos especialmente traumáticos, pero de igual modo  la sobreexposición y/o mal uso puede incidir en su estancamiento o postergación.

Espero vuestras opiniones para seguir avanzando.

Alfredo Guijarro

Presidente de SEPADEM

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