Marta Rodríguez

Marta Rodríguez /Domingo 03 de mayo de 2015

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Para afrontar de forma eficaz y segura emergencias y catástrofes, las personas que aportan la primera ayuda emocional deben estar formadas. Esta especialización beneficia no solo a los familiares o las víctimas de los sucesos, sino también a los intervinientes, que se ven protegidos de sus propios daños psíquicos. El Principado tiene firmado desde el año 2011 un acuerdo con Cruz Roja para la mediación de sus expertos. Una labor que la sociedad demanda cada vez con mayor frecuencia.

Servicio en Asturias 

La coordinadora del grupo de Intervención psicológica en emergencias y catástrofes del Colegio de Psicólogos de Asturias, Ángela Rodríguez,  explica que para atender a estas situaciones “no sirve cualquier psicólogo, se debe poseer capacitación específica”. Aunque manifiesta que “Asturias está en pañales en este tema, no se valora el beneficio que puede aportar esta preparación, porque nos movemos en función de los sucesos que ocurren. Por ejemplo, las cosas son diferentes desde el 11-M o el accidente de Spainair”.

En todo caso, según detalla Antonio del Corro, gerente del Servicio de Emergencias (SEPA) “existe en Asturias asistencia psicológica de emergencia, prevista en el plan territorial de protección civil. A través de Cruz Roja se cubren las necesidades de auxilio inicial que se precisen, si bien estos servicios se deberían incorporar como una parte más del día a día, como un recurso más del sistema”. David del Valle, director de Socorros y Emergencias de Cruz Roja en Asturias, señala que “cada comunidad autónoma tiene sus características específicas. Son destacables la identificación de núcleos de población o dónde se pueden efectuar evacuaciones de gente, entre otras cosas”.

Historias vividas 

Los protagonistas consultados narran algunas de sus experiencias para este diario, aunque por respeto a la intimidad de los afectados, se omiten los detalles personales que pudieran servir para identificar los casos.

Puri Rodríguez recuerda una actuación por un desaparecido en el agua y “lo que te vas preguntando es cómo vas a encontrar a la persona, dónde la vas a atender, porque a veces tienes poco espacio y has de arreglarte a pie de mar o río”. Del Valle menciona un naufragio que les llevó “diez días de acompañamiento desde la salida de las familias del alojamiento hasta la vuelta al mismo. Se pacta con ellos cuándo desean la ayuda”. Rodríguez comenta que en estos socorros te debes adaptar al damnificado, “en un caso de violencia de género, por ejemplo, tuvimos que posponer el auxilio, porque la mujer estaba absolutamente dormida por la medicación”.

Un colectivo de especial vulnerabilidad lo constituyen los menores. A veces se tiende a ocultarles las cosas con el afán de protegerlos. Sin embargo, Puri Rodríguez aconseja “explicarles los hechos según su capacidad, porque no solo no se enteran, sino que lo necesitan. Tienen que elaborar el duelo y luego hablar de ello en un espacio de confianza”. Por ello, la imagen que suele acompañar a este tipo de infortunios de velas y flores es “un ritual de despedida” que les alivia y les sirve para que puedan asimilar lo sucedido.

Afección a los intervinientes

Pero al lado del dolor de las víctimas o sus familias, los que asisten en estos sucesos también pueden resultar dañados psicológicamente. Según explica Ángela Rodríguez es lo que se conoce como “fatiga por compasión o desgaste por empatía: sentir tanto lo que el otro sufre que te impacta a su mismo nivel y de manera incapacitante”. Puri Rodríguez sugiere no participar si la situación personal no lo hace recomendable. Y refiere que “en una ocasión me llamaron, pero no quise hacerlo por conocer a las personas implicadas. Porque tienes que transmitir a los perjudicados sensación de estar informada, de que posees un control de la situación y de confiabilidad”.

Por ello, la formación es básica para evitar estas u otras alteraciones como “estrés postraumático o depresión” que apunta Angélica Rodríguez. Del Valle menciona la importancia de los “espacios de ventilación donde estos voluntarios comparten con los demás sus experiencias. Además es imprescindible una preparación previa y los ejercicios de simulación que proporcionan una formación continua”. En la mima línea, Angélica Rodríguez se refiere a la protección para prevenir trastornos. Esta es la idea de la jornada que el Colegio de Psicólogos organizó recientemente. Ofrecer una orientación a los profesionales para que puedan conducirse en estas adversidades con eficiencia y sin riesgos para su propia salud mental.

Gracias al convenio con Cruz Roja, la región dispone de un Equipo de Respuesta Inmediata de Emergencias (ERIE). Este integra a 25 psicólogos, 15 trabajadores sociales y 35 socorristas de acompañamiento. Todos ellos de edades comprendidas entre los 25 y los 55 años y con presencia superior de las féminas. No se requieren requisitos especiales para cooperar. Con un entrenamiento adecuado y disponibilidad se puede formar parte de este voluntariado.

El proceso de intervención

La actuación se inicia “si tras la valoración de un comité técnico se determina que es conveniente un apoyo psicológico- según el directivo del SEPA- en cuyo supuesto se activa la intervención. También puede arrancar a petición de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o de centros educativos y en situaciones de especial sensibilidad”. Las catástrofes o emergencias se pueden producir en cualquier momento. Puri Rodríguez, psicóloga y voluntaria del ERIE, relata que “se dan ocasiones en que te alertan en fin de semana y debes estar anímicamente lista para intervenir”.

No existe un tiempo prefijado para las acciones. Dependiendo del alcance de la desgracia, en cada operación trabajarán durante más o menos horas y con  dotación de personal más elevada o reducida, según se trate de una familia o un colectivo más amplio. Hay siniestros que por su magnitud desbordan el ámbito regional. Como aclara David del Valle, “entonces, nuestra comunidad autónoma coopera con otras para hacer frente a las circunstancias, ya que los ERIE existen desde el año 2004 y están homologados en todas las comunidades autónomas del país”.

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