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SEPADEM

Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias

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Asistencia psicológica

Reflexiones acerca de la gestión de la emergencia y el rol del psicólogo

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¿Puede la sociedad ofertar un psicólogo a todas las víctimas? ¿Es necesario que sea psicólogo quien atiende a una víctima? Antes de opinar sobre estas preguntas, quiero hacer algunas puntualizaciones. Hoy parece que nadie duda de que las víctimas de una catástrofe o una emergencia “mediática”, recibirán apoyo psicológico si lo solicitan. Me temo que incluso en algún caso le insistirán para que se deje atender por un psicólogo. Soy optimista y creo que todo irá mejorando, que tras los errores (que todos cometemos), los procesos de aprendizaje que conllevan esos errores, y la experiencia en las intervenciones, se conseguirá que la atención de las personas que sufren en las emergencias sea más eficiente con el paso del tiempo. Siguiendo con la formulación de algunas cuestiones que quiero reflexionar, ¿es diferente una víctima de, por ejemplo, una catástrofe aérea de la de un accidente de tráfico? En el primer caso, tanto si es superviviente como familiar (víctima secundaria), tendrá una repercusión mediática importante, un apoyo social e institucional, al menos al principio, evidente y un seguimiento en el tiempo. La víctima de un accidente de tráfico, siendo un suceso cotidiano, no recibirá la misma atención. Eso no significa que la víctima de un accidente aéreo tenga una situación “más ventajosa” por el hecho de recibir mayor atención o por lo menos no es seguro que así sea. ¿Es necesariamente diferente el dolor y la sensación de injusticia, de unos padres que han perdido a un hijo asesinado en un atentado terrorista, que los de uno asesinado por un atracador? En mi opinión no tiene por qué serlo, sin embargo los familiares de las víctimas de terrorismo corren mayor peligro de caer en un proceso de cristalización en el rol de víctima, por contraposición al superviviente como individuo que aprende a vivir con las cicatrices del trauma, posiblemente motivado por una “sobrecarga” asistencial y de atención mediática.

Como responsable del área operativa de la SEPADEM, me corresponde comentar algunos aspectos de la gestión de la intervención y del rol de los psicólogos en esa gestión. Para no liarnos con las denominaciones, haré una primera diferenciación entre las intervenciones cotidianas en las que los recursos públicos son suficientes, respecto de las intervenciones en las que los recursos públicos se ven desbordados. En el primer caso entran un infarto, un accidente de tráfico, incendios, etc.; en el segundo hablaríamos de terremotos, huracanes, grandes inundaciones, etc.

En una emergencia cotidiana, si el suceso requiere la intervención de determinados operativos, como por ejemplo los Servicios de bomberos, se pueden establecer tres zonas de intervención:

  • Zona caliente. Únicamente accesible a los operativos de intervención: sanitarios, bomberos, policías, etc.
  • Zona templada. Es un espacio de transición para esos mismo operativos (descontaminación, traslado de material, etc.).
  • Zona fría. Donde se ubica el Puesto de Mando Avanzado (PMA) y el resto del mundo (familiares, prensa, etc.).

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En realidad, dependiendo del tipo de emergencia, el esquema puede ser muy simple y las zonas quedar diluidas. Por ejemplo en un accidente de tráfico, lo normal es que la intervención sea razonablemente rápida y no se creará un PMA y es poco probable que un psicólogo pueda intervenir en el lugar del suceso.

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La asistencia de una persona que ha sufrido un infarto, siendo un suceso cotidiano, asimismo es una asistencia rápida y con muy pocas posibilidades de contar con la presencia de un psicólogo, con la salvedad de los excepcionales Servicios sanitarios que se lo pueden permitir. Sin embargo, su presencia sería muy deseable en las urgencias hospitalarias, donde podría atender a la misma víctima y a sus familiares, y en ese sentido considero que se debería garantizar la presencia del psicólogo en los servicios de urgencias hospitalarios.

Por otro lado, considero imprescindible que los operativos de emergencias: sanitarios, bomberos, policías, etc., tengan la preparación adecuada para proporcionar atención humana a las víctimas, y no considero imprescindible garantizar la presencia de un psicólogo en el escenario de una emergencia cotidiana. Con ello no pretendo afirmar que si circunstancialmente hubiera un psicólogo en el escenario de la emergencia, que este no deba actuar si es requerido pero, dada la imposibilidad de tener psicólogos en todas las intervenciones cotidianas, y dado que los operativos sí estarán presentes siempre, se debería priorizar la preparación de estos operativos respecto de la atención a las víctimas (Primeros auxilios psicológicos), por encima de la pretensión de un psicólogo en toda intervención.

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Una de las cuestiones que favorece la bajada de ansiedad en la víctima, es la convicción de que sus rescatadores son competentes, es decir, que saben lo que hacen y que está en buenas manos. Si además ese rescatador conoce técnicas para bajarle la ansiedad, reforzar sus actitudes positivas frente a lo que le está sucediendo, movilizar sus propios recursos psicológicos, etc., la situación de esa víctima será óptima.

Siguiendo con esta reflexión, ¿debería meterse un psicólogo en un edificio colapsado para atender a una víctima atrapada, o es preferible que los bomberos y sanitarios estén formados y preparados para atenderla? El ejemplo se puede trasladar a cualquier ámbito de las emergencias: cuevas, torrentes, montaña, etc. ¿Es necesario que un psicólogo de emergencias sepa rapelar, evolucionar con seguridad por el interior de una gruta, escalar, y cualquier técnica intrínseca en un rescatador? Pienso que querer llevar la intervención del psicólogo hasta el extremo es absurdo y está fuera de lugar. Pretender crear equipos de psicólogos con rasgos de rescatador, además de crear recelos entre los operativos tradicionales, puede confundir y dañar la imagen y la buena labor que los psicólogos de emergencia han llevado a cabo en estos años.

Con lo dicho anteriormente espero que quede claro que no pretendo desacreditar la figura del psicólogo de emergencias, rol que me atribuyo a mí mismo, sino establecer prioridades en las sinergias de todos los que contribuyen a la mejora de la gestión de las emergencias. Considero prioritario formar en primeros auxilios psicológicos y atención humana a las víctimas, a todos los profesionales y voluntarios que intervienen en las emergencias.

En la gestión de las grandes emergencias, aquellas en las que los recursos públicos se ven ampliamente desbordados, propongo la intervención de los psicólogos en todos los ámbitos, incluidos los Centros de Coordinación Operativa (CECOP) y los PMA que sean necesarios dependiendo de la magnitud y extensión de la emergencia.

En el escenario de una catástrofe nos podemos encontrar con la necesidad de establecer un CECOP, donde habrá técnicos de diferentes especialidades (eléctricas, pantanos, ingenieros, etc.), políticos, mandos de los diferentes operativos que intervengan en la emergencia (bomberos, sanitarios, ejército, policías, etc.) y, en mi opinión, debería haber un psicólogo de coordinación para atender las necesidades y los recursos solicitados desde cada PMA. Asimismo en cada PMA, donde habrá mandos de cada operativo que esté trabajando en la zona, para coordinar esfuerzos y unificar criterios de actuación, debería haber un psicólogo que coordinara a los psicólogos que intervienen directamente con las víctimas, ya sea en un centro de recepción de familiares, atendiendo a supervivientes, reconocimiento de cadáveres, etc.

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Conclusiones:

  • Las víctimas de emergencias no mediáticas, tienen las mismas necesidades y derechos que aquellas que captan la atención del público y políticos.
  • En las emergencias cotidianas es prioritario que los miembros de los operativos de intervención (bomberos, sanitarios, policías, etc.) tengan la formación y entrenamiento necesarios para atender psicológicamente a las víctimas, y será más eficiente que pretender un psicólogo en cada equipo de bomberos, en cada intervención policial, o en cada ambulancia.
  • En las urgencias hospitalarias sería muy deseable la presencia de un psicólogo de urgencias para atender a víctimas y familiares.
  • Pretender crear grupos de psicólogos entrenados en técnicas de rescate, al nivel del bombero u otro tipo de rescatista, es desviar las energías de lo que realmente es necesario y puede generar malestar entre los operativos de intervención, además de desacreditar el papel del psicólogo en las emergencias.
  • En las grandes emergencias, donde los recursos públicos se ven desbordados, es necesaria la presencia del psicólogo de coordinación de los equipos de psicólogos que intervengan: tanto en los Centros de Coordinación Operativa (CECOP), como en los Puestos de Mando Avanzado (PMA).

David Rotger i LLinàs
Area operativa
areaoperativa@sepadem.com

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1 Término utilizado por Pau Pérez Sales para definir a las personas que se cronifican en el rol de víctima.
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Máster Universitario en Soporte Vital Avanzado en Urgencias, Emergencias y Cuidados Críticos

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Acceso al diptico clicando sobre la imagen

Dentro de esta formación de evidente contenido médico, European Foundation for Health, Research and Education (EFHRE), ha apostado por incorporar en uno de sus módulos una formación de 2 Créditos ECTS en psicología de urgencias y emergencias, entre cuyos docentes, se encuentran varios miembros de SEPADEM: Enrique Parada Torres y Pedro Martín-Barrajón, Teresa Pacheco Tabuenca (coordinadora del libro de reciente publicación “Atención psicosocial en emergencias“), y Mercedes Cavanillas San Segundo.

Más información en el siguiente enlace:

Diploma en “Victimología: atención psicológica a víctimas de experiencias traumáticas”

UCM

Acceso al programa formativo clicando sobre la imagen

En los últimos años la atención a víctimas de acontecimientos traumáticos se ha venido incorporando como parte esencial de las medidas de actuación en situaciones de emergencia, desastre, catástrofe y también en el entorno de los delitos violentos. Dentro de esa atención a las víctimas se ha integrado como parte esencial, la Atención Psicológica.

 Algunos hitos significativos, son los siguientes:

  1. Implantación en España de las oficinas o Servicios de Atención a la Víctima (S.A.V.) dentro del ámbito judicial; tiene como referente la Ley 35/95 de 11 de diciembre, de Ayudas y Asistencia a las Víctimas de delitos violentos y contra la libertad sexual.
  1. Creación en 2002 de las Oficinas de Asistencia a Víctimas (OVA).
  1. Inclusión dentro de la Ley Integral Contra la Violencia de Género, que entró en vigor en nuestro país en 2005, de acciones específicas para la atención psicológica de las víctimas.
  1. La recientemente aprobada Ley de Reconocimiento y Protección integral a las Víctimas del terrorismo (23/09/2011).

Por su temática e interés, nos parece interesnte presentar en este espacio el Diploma en “Victimología: atención psicológica a víctimas de experiencias traumáticas” que forma parte del Programa de Formación Continua de la Universidad Complutense de Madrid.

Más información en el siguiente enlace:

http://www.ucm.es/info/ucmp/pags.php?a=estudios&d=0025817

Nuevo libro tècnico: “Atención psicosocial en emergencias. Evaluación e Intervención en situaciones críticas”

Teresa Pacheco firma uno de los ejemplares
La coordinadora Teresa Pacheco, firmando un ejemplar

“El pasado lunes día 10 de diciembre se presento el libro Atención psicosocial en emergencias. Evaluación e Intervención en situaciones críticas“, del que es coautora y coordinadora Teresa Pacheco Tabuenca y en el que han participado Eva garrosa Hernández, Esther López Valtierra y José Ignacio Robles Sanchez.

El acto tuvo lugar en el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Además de la coordinadora de la obra, en el acto intervinieron: D. José Ignacio Robles Sánchez. Psicólogo colegiado. Coautor del libro, D. Alfredo Guijarro Olivares. Psicólogo colegiado. Presidente SEPADEM y Dª Carolina Centeno. Directora de Ediciones, Editorial Síntesis.

En el libro se pasa revista a las emergencias más cotidianas desde el prisma de profesionales con una amplia trayectoria profesional en servicios de emergencias y protección civil.

Estructurado en tres partes, la primera nos realiza una fotografía del devenir de la psicología de emergencias desde Freud a nuestros días, esbozando las principales teorías dentro de la psicología de emergencias y los diferentes modelos actuales de organización de los servicios de asistencia psicosocial.

En su segunda parte, empieza con un capitulo generalista en el que tratan la evaluación, intervención y seguimiento desde una perspectiva general incluyendo los últimos modelos teórico prácticos, para pasar seguidamente al abordaje de casos específicos como son: accidente trafico, agresión sexual, crisis suicidas, maltrato y abuso infantil, maltrato a mayores, comunicación de malas noticias y apoyo temprano en el duelo y accidentes de múltiples victimas.

La tercera y última parte la forman dos capítulos dedicados a la intervención con intervinientes, el primero de los capítulos hace referencia a los riesgos psicosociales en las intervenciones y el segundo a la prevención de estos riesgos en intervinientes mostrando un catalogo de buenas prácticas para el autocuidado.

SEPADEM desde su fundación como sociedad profesional sin ánimo de lucro, se marca como una de sus líneas de actuación la divulgación de la psicología de emergencias y estará siempre que se le solicite en actos como este en el que se da un paso en la lucha común, como apuntaba la coautora en su dedicatoria del libro, enhorabuena Teresa y compañeros participes en la elaboración de este libro”.

De izquierda a derecha: Carolina Centeno (editorial Síntesis); Alfredo Guijarro (presidente de Sepadem; José Ignacio Robles (coautor); Teresa Pacheco (coordinadora)
De izquierda a derecha: Carolina Centeno (editorial Síntesis); Alfredo Guijarro (presidente de Sepadem; José Ignacio Robles (coautor); Teresa Pacheco (coordinadora)

VI jornadas de seguridad, defensa y cooperación: Organizadas por el foro para la paz en el mediterráneo

El profesor Jesús Miranda socio fundador y vicepresidente de SEPADEM, en la mesa de inauguración de las jornadas.

La mesa de apertura de las VI jornadas de seguridad, defensa y cooperación, organizadas por el foro para la paz en el mediterráneo, estuvo presidida por Ilmo. Sr. D. Santiago Romero Dorda, Coronel Subdelegado del Ministerio de Defensa en Málaga encargado de inaugurar las jornadas, acompañado con breves intervenciones a cargo de los Coordinadores: Doctores Juan José Hinojosa, Decano de la Facultad de Derecho; Jesús Miranda Páez Director de la Cátedra de Seguridad, Emergencias y Catástrofes de la Universidad de Málaga, Director del Dpto. de Psicobiología y Metodología y vicepresidente 1º de Sepadem, responsable del Área de Formación e Investigación; y del Coronel D. Rafael Vidal Delgado coordinador de las jornadas.

En la primera mesa de las jornadas cuyo tema central fue: Lecciones aprendidas y retos en la vertiente psicosocial de las catástrofes; participo Alfredo Guijarro (presidente de SEPADEM) con la ponencia: La psicología de emergencias y catástrofes: principios básicos y retos.

El segundo día de las jornadas se trato como tema principal la seguridad y cooperación en el mediterráneo; su futuro inmediato. Teniendo el tercer y último día como tema central una respuesta ante emergencias y catástrofes en el mediterráneo.

Las jornadas que se celebraron en Málaga durante los días 13, 14 y 15 de noviembre, han tenido amplio eco en los medios de comunicación tanto por la importancia de los temas tratados, como de los participantes.

¿Estamos matando la gallina de los huevos de oro de la Psicología aplicada actual?

¿Es realmente necesaria la intervención psicológica en los primeros instantes de afrontamiento de una situación traumática?

Siempre pensé que nuestra sociedad “SEPADEM” nacía como foro de divulgación, de contraposición de opiniones (siempre con ánimo constructivo) y como caja de resonancia de los avances en Psicología de Emergencias, en el que los psicólogos emergencistas se sintieran cómodos para debatir sobre temas relacionados con su formación, experiencia y devenir profesional.

En este sentido seria un foro en el cual se pudieran plantear, desarrollar, elaborar  y resolver las dudas que en el quehacer diario nos surgen y que por la forma de llevar a cabo nuestras intervenciones, normalmente solos sin compañeros con los que consultar dudas, con el tiempo de la intervención limitado y necesitado de generar alternativas rápidamente para paliar el estrés acumulado en las personas a las que prestamos ayuda, no nos permite compartir inquietudes con otros compañeros, que trabajan en nuestras mismas circunstancias.

Después de leer la magnífica participación del mes anterior de Ferran, socio fundador, buen profesional y buen amigo y mejor persona, me hizo recapacitar y centrarme en la siguiente reflexión sobre el tema que nos proponía: no hubo asistencia psicológica, aunque está seguro de que fue asumida fundamentalmente por sacerdotes y médicos. Y sin embargo la mayoría pudo seguir realizando una vida normal. ¿Es necesaria realmente una intervención psicológica en emergencias?”.

Esta es la duda que me surge, habida cuenta del auge que últimamente ha experimentado la demanda de psicólogos que atienden a las personas que se han enfrentado a una situación crítica, ya sea sufrida por la propia persona o un familiar próximo.

Es frecuente observar como en los informativos de cualquier tipo ya sea TV, radio o prensa escrita y más recientemente prensa on-line, cuando se refieren a accidentes traumáticos, aparece la coletilla: “los familiares necesitaron asistencia psicológica”.

Ante este tipo de noticias a mí personalmente, me surge un mar de dudas: “¿Qué tipo de intervención? ¿Llevada a cabo por qué tipo de profesionales? ¿En qué circunstancias? ¿Con que medios? ¿Era realmente necesaria la intervención de un psicólogo?”.

Son demasiados interrogantes, pero yo os propongo centrarnos en uno solo, esencial para abordar los demás ¿Es realmente necesaria la intervención en los primeros instantes de afrontamiento de una situación traumática?

A la vista de cómo se desarrollan últimamente los acontecimientos, la respuesta no puede ser otra que “Si”. Pero entonces ¿Cómo se superaban antes estos episodios traumáticos?, las consultas deberían estar a rebosar, ya que la asistencia temprana era prácticamente anecdótica, como bien refleja la intervención del Valles.

Vivimos en una sociedad esclava del tiempo, de la escasez de tiempo mejor dicho, que no permite espacios para la reflexión interna; a los 2-4 días de la desaparición de un ser querido, tenemos que volver al trabajo, pero es que nuestra red de apoyo normalmente vuelve inmediatamente, con lo cual nos enfrentamos casi en soledad a la nueva realidad.

Vivimos en una sociedad que da la espalda al sufrimiento, que intenta por todos los medios evitarlo o enmascararlo; para elaborar el duelo es necesario enfrentarse a la causa del mismo, si lo bloquemos, ya sea farmacológicamente o conductualmente, lo único que se consigue es que este se enquiste y permanezca latente o se muestre de una forma enmascarada, difícilmente relacionada con el origen que lo provoco.  Cada vez es más frecuente escuchar en consulta la queja del paciente. “no pude ni despedirme de él, estaba tan drogada, que no me di cuenta de nada?” o “No me dejaron un momento para mí y para poder despedirme de mi … Cuando me acercaba a él, en seguida me cogían y me llevaban a otra parte y cuando me di cuenta ya no estaba”.

En mi opinión la intervención debería ser siempre a demanda, y solamente se intervendrá directamente, cuando la seguridad de las personas corra algún peligro que el grupo de referencia no sea capaz de gestionar, porqué la red de apoyo social es esencial para poder superar los efectos traumáticos de una situación crítica y tenemos que favorecer espacios para su consolidación.

Una intervención generalizada, en mi opinión, puede ser contraproducente por los siguientes motivos:

  1. Si en mitad de la resolución de una crisis intervenimos podemos interferir en el establecimiento de las nuevas redes relacionales del grupo y nosotros como profesionales no vamos a estar siempre presentes, mientras que la red de apoyo social o grupo de referencia sí. Además es frecuente ver como personal no entrenado en este tipo de situaciones, con la mejor de las intenciones, pero con un desconocimiento de la forma de afrontar la situación, interfiere cuando no impide el establecimiento de la red de apoyos, lo que yo denomino el “psicólogo empotrado”, mimetizado e incrustado en la familia, de tal forma que si no fuera por su identificación externa como profesional, no sería posible identificar quien es familiar y quien es profesional interviniendo.
  2. El bloqueo emocional generalizado, ya sea por medios farmacológicos o psicológicos, no deja de ser eso … un bloqueo, una contención; nunca una solución, que normalmente lleva un tiempo más o menos prolongado de maduración y un gran trabajo personal; indudablemente hay casos en que es un mal menor que hay que adoptar para preservar la integridad de las personas.
  3. Al emplear desde el principio todos los medios posibles, podemos quemar nuestras naves antes de la verdadera batalla. “Si esto es lo que hace un psicólogo para que voy a ir a su consulta”. Es habitual confundir y generalizar la intervención en emergencias, que a mi modo de entender fija su objetivo principal en estabilizar y favorecer el restablecimiento de la normalidad (cuidados paliativos), pero que por su premura y escaso tiempo de intervención no puede abordar la curación per se, sino favorecer el restablecimiento. El abordaje de un trastorno, al necesitar más continuidad, se realiza en consulta (cuidados curativos).

Entonces qué hacer en la atención de personas ante situaciones con un fuerte componente traumático. En mi opinión (y es lo que presento a vuestra reflexión y participación) la intervención se debe ajustar a los siguientes parámetros:

  1. Ser ofertada no impuesta.
  2. Por personal formado y preparado en emergencias.
  3. Empleando los profesionales de forma jerarquizada. Para lo cual habría que crear y formar a personal en acompañamiento en situaciones traumáticas, como existen en otras áreas de la asistencia (auxiliares de enfermería, Técnicos en emergencias, etc.), coordinados y dirigidos por un psicólogo que intervendría cuando la situación realmente lo demandara.
  4. Favoreciendo el establecimiento de la red de apoyo social y sus interrelaciones.

En definitiva esto no era nada más que una reflexión en voz alta (mejor dicho impresa) que espera de vuestras aportaciones para abrir líneas de investigación y debate.

Decía Aristóteles “el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.  Si no nos tomamos un tiempo para la reflexión, nos podemos encontrar matando nuestra gallina de los huevos de oro, puesto que en gran medida la intervención en emergencias a posibilitado la difusión y el acercamiento de la Psicología a la sociedad, fundamentalmente después de la intervención en momentos especialmente traumáticos, pero de igual modo  la sobreexposición y/o mal uso puede incidir en su estancamiento o postergación.

Espero vuestras opiniones para seguir avanzando.

Alfredo Guijarro

Presidente de SEPADEM

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